Los osos del Pirineo

El oso pardo del Pirineo de Lleida, tan rechazado desde la liberación de los eslovenos Giva, Melba y Pyros a mediados de los años 90, empieza a tener admiradores en el valle de Aran. Parte del sector turístico aranés ve una oportunidad en lo que hasta ahora había sido solo fuente de conflictos y algunos hoteles ya ofrecen rutas turísticas por las tierras en las que los plantígrados han dejado sus huellas. Eso no significa, sin embargo, que la reconciliación sea ya un hecho, ni mucho menos. Ni los ganaderos, ni los cazadores ni las autoridades lo ven nada claro.

Entre mayo y junio, alrededor de las siete de la tarde, dos ejemplares jóvenes se dejaban ver durante tres horas en Salt del Pish, en el valle de Varradós (Vielha e Mijaran). Podían verse a 400 metros. Corrió la voz y empezó a llegar gente. «Se les veía al lado de los rebecos, de los corzos, de los ciervos. Y los araneses vieron que símplemente comían hierba, plantas», explica Marc Alonso, socio de la oenegé naturalista Depana y uno de los guías que este año han empezado a hacer rutas. Entre mayo, junio y la primera mitad de julio le siguieron 700 personas a ver los osos, a los que él conoce por sus nombres: «Son dos hermanas jóvenes, Nhèu y Noisette; Pollen, una hembra adulta, y dos machos enormes, Pyros y Balou».

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