La desaparición del Glaciar del Aneto

El glaciar del Aneto, el más importante del sur de Europa, agoniza. Se funde como un azucarillo. Las imponentes y robustas masas de hielo que retrataron alpinistas pioneros del Centre Excursionista de Catalunya a principios del siglo XX ha dado paso a una geografía de placas heladas finas, segregadas y en descomposición. Un invierno y una primavera sin nieve y un verano caluroso en el Pirineo han hecho que este septiembre el glaciar haya alcanzado la superficie más reducida de su historia.

Cientos de montañeros que han estado este verano en las escarpadas laderas del Aneto han visto la transformación. Desde el puerto de la Picada (frente al macizo en el que conviven el Aneto y el Maladeta) la estampa es irreconocible si se compara con las fotos de principios del siglo pasado. El hielo, que cubría en verano con un gran manto el macizo, sólo se aprecia en las cornisas superiores.

La reducción del grosor del hielo ha hecho variar la geografía de estas cimas. En el paisaje ya no se ven las grandes grietas del siglo pasado, tan altas como rascacielos, que sorprendieron a los primeros visitantes. El glaciar, un río de hielo que avanza por su empuje friccionando el suelo y originando brechas en formas de U, ya no tiene aquella fuerza de rozamiento y arrastre que abría gargantas y temibles acantilados. No queda rastro de aquellas cavernas que parecían un atajo al infierno, el escenario para las épicas poses fotográficas de aventureros. “El glaciar ha bajado tanto de espesor que no hay movimiento de avance, con lo cual no se abren grietas; a lo sumo, pequeñas fisuras; o se provocan agujeros, al hundirse el suelo a causa de los huecos que se producen entre piedras en el relieve físico de abajo”, dice Carrera.

Y abundan las zonas en las que el glaciar se hace más inseguro. Rebasado el Portillón Superior, en algunos tramos en la subida al Aneto el suelo se mueve bajo los pies. El hielo cruje con las pisadas; es como una cuchilla de afeitar. “Si te caes y vas con pantalón corto, te haces un lifting gratis”, suele advertir el guía, que sube de media 20 veces al año al Aneto y lo conoce incluso de madrugada iluminado por la luna llena.

Por ello, la subida al Aneto está repleta de peligros nuevos, aunque se ve compensada con agradables sorpresas, como la irrupción de las marmota desde sus madrigueras, el desfile de rebecos o las tímidas perdices nivales.

El Aneto también parece haber mudado su piel. El hielo desprendido de sus crestas deja al aire una roca blanca y clara, recién lavada, mientras en la parte superior tiene un color oscuro, que marcan las zonas que estaban sepultadas hace siglos y llevan tiempo descubiertas. Quienes se acerquen aquí dentro de 100 años tal vez vean estas crestas ya totalmente ennegrecidas (por la intemperie). Ahora, a medida que el glaciar se adelgaza, va descubriendo capas de hielo sucio, grisáceo, pues surgen restos de piedras y tierra, o el polvo que arrastraron las nevadas que trajeron arena del Sáhara hace decenios o centenares de años. Al irse el hielo, aparece su sustrato más negro.

Ascensión al Aneto

Ascensión al Aneto

3 comentarios en “La desaparición del Glaciar del Aneto

  1. Es una ascensión de 10 horas… difícil? depende de tu nivel.. larga y dura, Sí.
    La última parte del glaciar es complicada, por la inclinación. Has de ir equipado con cranpones, como mínimo.
    El paso de Mahoma… pues también depende.. si tienes vertigo mejor que no lo pases.

  2. no tengo vertigo , solo queria saber la dificultad que tiene el aneto , gracias , y otra pregunta máas , para subir al collado coronas que esta debajo del aneto a la cota de 3208m , es facil llegar hasta el collado

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