Cumbres tras la jubilación

A los 34 años Carlos Soria era uno de los integrantes de la primera expedición española que intentaba coronar un ochomil, el Manaslu, de 8.160 metros. No lo consiguió. En 1975, repitió la misma cumbre, también si éxito. La cima del Manaslu le llegó unas cuantas décadas después, el pasado otoño, a los 71 años. Ahora, a los 72, está listo para escalar esta primavera y sin la ayuda de oxígeno embotellado el Lhotse (8.516 metros), dentro de su proyecto de ascender los 14 ochomiles del planeta. Y ya lleva diez.

Cuando no está en el Himalaya, este madrileño sale a correr al monte, escala en hielo y en roca, practica el esquí de fondo, monta en bicicleta, realiza travesías… “Me gusta entrenar, pero me resulta duro hacerlo solo, los amigos de mi edad ya no me acompañan. Voy con gente mucho más joven, incluso más que mis hijas; en el 2009, subí el Gasherbrum I (8.068 metros) con Marta Alejandre, que entonces tenía 28 años, y lo pasamos estupendamente”.

Apenas hay investigaciones sobre el impacto de la altitud en personas de avanzada edad. María Antonia Nerín, directora del máster de Medicina de Montaña de la Universidad de Zaragoza, explica que en el 2008 hizo un seguimiento de los ocho integrantes de la expedición de sexagenarios al Mera Peak (6.476 metros), de los cuales cuatro hicieron cumbre. “Los parámetros sanguíneos, los niveles de sodio, potasio…, de los alpinistas no observaban diferencias significativas antes y después de ascensión. La aclimatación de la gente mayor es buena porque suben más despacio”, destaca Nerín. Probar un cincomil o un seismil a los 60 años es una meta ambiciosa, pero si los aspirantes gozan de buena salud, tienen experiencia en la montaña, entrenan y aclimatan bien, Nerín no ve impedimentos para que disfruten persiguiendo su sueño. Un ochomil ya es otra cosa, es un reto poco recomendable para personas de tales edades, “pero el caso de Soria es único, tiene una dotación genética con toda seguridad excepcional”.

“Si para una persona de 65 o 70 años las cumbres son su ilusión, y teniendo en cuenta que a esa edad ya lo han hecho todo en la vida, si están en buenas condiciones físicas, por qué no van a intentarlo. Los beneficios mentales que comporta la montaña, el aire libre, son inmensos: disminuye el estrés, la tensión arterial, la atrofia muscular…”, opina la doctora Nerín.

Carlos Soria tiene una experiencia de casi 60 años en la montaña: a los 14 salía constantemente a la sierra de Guadarrama, aunque las cimas más ambiciosas empezaron a llegar pasados los 30, y no pisó la cumbre de su primer ochomil, el Nanga Parbat, hasta los 51. “Tenía un taller de tapicería, no ganaba mucho dinero porque prefería reservarme mucho tiempo libre para poder escalar”.

Primero salía al monte con su mujer y con sus cuatro hijas, pero al cumplir los 65 y cerrar su negocio se planteó subir los 14 ochomiles. “Entonces tenía el Nanga Parbat, el G-2, el Everest y el Cho Oyu; ¡sólo me faltaban diez!”. Cumplidos los 65 y hasta el momento ha rematado otros seis, entre ellos el K2 (8.611 metros), en la cordillera del Karakorum, una de las montañas más difíciles y la que se cobra más víctimas después del Annapurna.

¿Encuentra usted a alpinistas de su edad en estas cimas?

Cada vez coincido con gente mayor que hace cosas interesantes.

¿Y cómo está de salud? ¿Algún achaque?

Me duelen las rodillas y las lumbares… Tengo problemas como todo el mundo, pero trabajo mucho los cuádriceps para que no sufran mis rodillas; sí, tengo mis cosas, pero hay que saber convivir con el dolor, y en alta montaña me encuentro mejor.

¿Y su familia qué opina?

Me apoya; conocí a mi mujer en la montaña, con ella escalamos juntos el Cervino, el Montblanc… Pero ahora ya no me acompaña. Sus planes más inmediatos pasan por sumar a su lista de ochomiles el Lhotse (sin oxígeno), esta primavera, y si todo va bien apuntarse también este año el Dhaulagiri. “En el 2012 intentaré el Kangchenjunga y en el 2013 el Annapurna, la que me da más miedo. Del Shisha Pangma no tengo la cumbre principal, así que si puedo la repetiré”. Cuenta que está mentalizado y muy ilusionado.

¿Y cuando acabe con los 14 ochomiles, qué?

Seguiré subiendo montañas, lo que más me gusta es escalar y ahora me han entrado unas ganas tremendas de escalar en hielo, especialidad en la que empecé ya mayor, a los 60 años.

Carlos Soria es la excepción que confirma esa regla que dice que la máxima eficiencia del sistema fisiológico se sitúa en los 30 años y que a partir de esa edad cae el rendimiento del orden del 1% anual. Este madrileño es la persona de más edad que ha escalado el complicado K2, a los 65 años. Hasta el momento sólo se han registrado 15 ascensos a ochomiles por parte de personas de más de 70 años.

Carlos Soria

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