Collserola será parque natural

Collserola tiene dos millones de visitantes cada año; una autopista, una línea de ferrocarril y cinco carreteras que la cruzan; un parque de atracciones centenario; dos cementerios; dos funiculares; unos 15.000 humanos viviendo en su interior; incontables y míticos merenderos, y una torre de comunicaciones de dimensiones olímpicas. Ahora, a punto de incorporar la categoría de parque natural en su DNI y la paternidad de la Generalitat en su libro de familia, el pulmón barcelonés inicia una nueva era, cuyo principal reto será consolidar un modelo público de defensa de la que es, a la vista de los hechos, la concentración forestal más peculiar de toda España.

El decreto que el Gobierno catalán debe aprobar en los próximos días, u horas (en cualquier caso, antes de las elecciones), cierra una espera que ha despertado todo tipo de suspicacias. Pero al margen de los reproches más o menos merecidos, todos los implicados en el control de Collserola -los nueve municipios que rodean el parque y la Diputación de Barcelona- coinciden en que la entrada de la Generalitat era tan necesaria como lógica. Hace escasos 10 días, el consorcio del parque aprobó la modificación de los estatutos que allana la incorporación del Govern y que estipula que su poder de decisión será equivalente al de las otras dos partes cuando iguale lo que paga cada una de ellas, casi tres millones de euros al año. De esta manera, el presupuesto destinado a conservar el entorno pasaría de seis a nueve millones de euros anuales. Si atendemos a las promesas, la Generalitat aportará durante el primer año 718.000 euros y llegará a los tres millones en cuatro años.

Marià Martí, director gerente del parque, reconoce que Collserola «no se podrá comparar con ningún otro parque natural del país, tanto por sus rasgos interiores (véase el gráfico) como por la cantidad de gente que lo rodea». Con dos millones de visitas al año, será el parque más concurrido de la Península y el segundo de España, detrás del Teide.

La incorporación de la Generalitat, además de aumentar en un 33% el presupuesto, permitirá, según Imma Mayol, concejala de Medio Ambiente de Barcelona, que Collserola «entre en la normalidad de un espacio protegido», esto es, que se aproveche de toda la legislación que impera en cualquier pedazo de tierra calificado como parque natural. El problema es que no hay un precedente de zona forestal con las características del Tibidabo. El principal reto, según la concejala de Sant Cugat Marta Subirà y el propio Martí, será salvar el equilibrio entre «la gestión natural de un espacio protegido y el uso social del parque».

LADERAS DAÑADAS / La nevada de marzo hizo mucho daño. Las laderas siguen repletas de árboles caídos porque el presupuesto solo alcanzó para despejar los senderos. Tareas como esta son las que el Govern -y sus millones- deberán garantizar. Martí considera que también urge «estructurar los puntos en los que ciudad y bosque se funden y resolver la línea de montaña de Barcelona, es decir, los accesos desde la capital», idea que comparte la propia Mayol. Pere Orriols, concejal de Medio Ambiente de Sant Just Desvern, asegura que la Generalitat «no arreglará de un plumazo los problemas», pero sí «dará fuerza para que la gestión no sea tan complicada», a la vez que permitirá, añade Martí, «regular el crecimiento urbano y sancionar las actitudes incívicas».

Martí Domènech, responsable de Espacios Naturales de la Diputación, asegura que la declaración de parque natural es «como si le dieran un Oscar a Collserola». Falta por ver si el galardón es a la mejor película o si se queda en unos tristes efectos especiales.

Mapa Parque de Collserola

Mapa Parque de Collserola

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